lunes, 20 de abril de 2009

Dualidades


Los buenos días. Los buenos días son aquellos en que soy capaz de sonreír por encima de todo. A pesar de los charcos en el suelo, las palabras envenenadas, las horas sin reloj, los trenes que pasan de largo, las puñaladas, los atascos, el grito, el llanto, la fría soledad. Los buenos días no tendrían, sin embargo, ningún sentido sin los otros días. Los malos días son los que me hacen soñar, reflexionar, pensarte, mirar a lo lejos. Los malos días son, aún así, mejores que los peores. Pero sin esos otros días, los buenos sólo serían días. Serían rutina. Serían caminar sin ningún rumbo. Sin ningún sentido.
Apareces así, sencillo y dulce. Me dices lo que quiera que hoy tengas en ti. Quizás un gesto, una mirada, un abrazo muy fuerte. Muy largo. Quizás una sonrisa. A veces una risa que me mata. Incluso a veces poco, casi nada. Y no importa porque yo me lo quedo todo de ti. Desde el tacto de tus manos hasta una palabra equivocada. Me quedo con el oscuro de tus ojos, con la sombra gris, con lo húmedo también. Me quedo contigo y, si me quedo, es porque no quiero estar sin ti.

lunes, 13 de abril de 2009

¿Sueñan las chicas como yo con algodones de azúcar?

Los sueños son para los idiotas. La gente sin valor. Las películas románticas. Los dramas perfectos. Me gusta cuando hablas de mí como si fuera a cambiar el mundo, como si ya lo hubiera hecho. Como si no hubiera esfuerzo en pasar de una palabra a un hecho tan concreto. Yo, que parezco un muro de hormigón, no soy más que una hormiga intentando alcanzar el otro lado del muro. Muchas veces tengo miedo, muchas veces dudo y no soy yo, me quedo en medio. Medio confusa, medio cobarde, visiblemente superada. Pero todo pasa y algo queda, y lo que quedó fui yo y mis ganas. Aunque no creyera que fuera a creer tan pronto en cosas que ya había olvidado. Que había aprendido, a golpes, a olvidar. Ya ni siquiera pienso que de esta igual nos morimos... Me gusta pausar tu ritmo, escuchar tu mirada, poner la mano en tu pecho, desordenar la casa. Deshacer el tiempo, enredar las sábanas, invertir los días en el calendario. Maldecir la lluvia a ratos, dejar de escuchar las gotas chocando contra el cristal de la ventana. Chocar tu cuerpo contra mi cuerpo. Chocar de nuevo con el mañana. Por la mañana. Despertar. Despertarme con tus labios en mis labios. Con una mano caliente en la piel. Marear un café frente a tus sueños y enlazarlos con los míos. Montar un puzzle de ti y de mí. Curarme luego, lentamente, de esa sobredosis de azúcar con la risa, con la rabia, con la espera de este mundo. Cambiar de contexto. ¿Nunca has soñado con vivir? A mí me ha dado por vivir persiguiendo sueños y siempre voy corriendo. Sin embargo, ahora sí tengo tiempo de mirarnos en el espejo, de escribir algo cursi, de volver a casa despacio y bajo la lluvia, mojándome el pelo con una sonrisa. De perder las horas mirándote embobada. De depilar mis piernas cada mañana... Y un motivo dulce.

lunes, 30 de marzo de 2009

¿Ya amanece?


Te dije “me gustas” cuando quería decir “me encantas”. Te dije “creo” pero yo ya lo sabía. Siempre miento un poquito para darle más emoción, siempre invento recovecos donde perderme en esta vida e incluso a veces me pierdo. Mi madre dice que soy un desastre, que no escucho la voz de su experiencia. A mí me gusta perder las horas contigo, aunque no estés aquí. Sorprender de vez en cuando, para bien o para mal. Levantarme del suelo.
Ayer resulta haber sido hace ya meses. Todo pasa tan deprisa... y muchas cosas quedan. Yo no sé si para siempre. Me duele ver como acorto el olvido y me enorgullece no anclarme en un pasado que se marchita. Siempre igual, siempre esas contradicciones. Pero lo bueno es dudar, lo arriesgado es no pensar nunca en todas las posibilidades, aunque sea por un segundo. ¿Cómo no voy a dudar si sólo hay una oportunidad por cada pregunta? Aunque a veces la duda se vuelva grande, y se aparque en un rincón y engulla preguntas que aún no has contestado.
De haber sido tú, no lo hubiera hecho tan bien. No me hubiera fascinado tanto. Ya amanece, pienso últimamente. Y me quedo mirando el rojo de tus labios. Siempre esas contradicciones... Porque a veces pienso que sí y a veces que no, porque cada día es algo diferente. Porque aún me quedan cosas por redescubrir, quién sabe cuándo ni dónde, ojalá contigo. Volver a esperar un nuevo día. Volver a masticar el tiempo lentamente. Ver, de repente, que ha pasado el tiempo.
Y si amanece por fin no será como solía. Habrá quien mire la luz y habrá quien mire las sombras, y yo estaré en medio. Siempre en medio de todo. Tomaré un poco de aquí y de allá, pues mientras haya quien critique y quien mire de reojo querrá decir que algo importa. Intentaré obviar la tormenta, dejarme acariciar por las manos de quien me quiera. De quien me quiere. Pero no dejaré de soñar con cosas imposibles. No dejaré de hacerlo mal a veces, de engañarme incluso a mí misma, de esperar y creer que hay esperanza. Y que con el tiempo todo pasa, aunque sólo pase el tiempo.
Porque también hay atisbos de cordura en mi locura.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Cuéntame la luna


Cuéntame la luna al oído, cada noche. También cada día... Cuéntamelo todo, siempre, claro, para que no pueda olvidar tus dedos en mi espalda ni tu voz vibrando en una piel que se muere de frío cada vez que no estás y se viene conmigo de paseo a buscarte. Dime que una vez fuiste, yo sé que una vez fui... creo que ahora simplemente somos así, y eso nos encanta. No hay por qués ni destinos, aunque aún a veces se me antoje contar una a una las casualidades, tirarme de los pelos y revolcarme de risa mirando tu sonrisa más sencilla y natural. Aunque a veces me revuelque con el tiempo e intente comprenderlo todo, racionalizar lo absurdamente abstracto, recordar una a una acciones y consecuencias para encontrar las siete diferencias que me anclan a ti y no me hacen ser cualquier otra, dentro del abanico de posibilidades que no fueron y no serán. Dime que no está tan mal eso de soñar de vez en cuando con cosas que se cumplen, que no hay que temer caer sino caminar despacio al borde del abismo y sentirse viva. Dime todas las cosas que se te ocurran sin pensarlas primero y yo pensaré en todo lo que se me ocurra para escribirtelo luego y pretender llegar a ser sólo yo en algún segundo cada día. También cada noche... Porque he descubierto que aún me parece bonito lo tierno, lo fugaz, lo más hondo y lo más lleno. Incluso lo más cursi puede ser, en mis ojos, un instante y una vida. Incluso el amor, aunque una vez fue ese fantasma encerrado en el amario, puede llegar a convivir conmigo y mis continuas contradicciones. Incluso puede llegar a atraparme. Y no, ya no le tengo miedo, porque su cara oculta sólo le hace ser fascinantemente misterioso, sólo me hacer caer de nuevo y enredarme entre tus dedos con la sonrisa del suicida que por fin quiere y puede morir.

miércoles, 18 de marzo de 2009

No voy a parar


No voy a parar de decirte, de mirarte, de tocar tu risa en cada rincón escondido. No voy a parar de dejarme ser ni de querer y estar y, así, hacerme un sitio. No voy a parar de seguir y no terminar nunca.