viernes, 1 de agosto de 2008

El principio de...


Recuérdame como tú quieras
pero recuérdame un poquito, alguna vez.

Y dilo bajito, eso de que me querías...
y dilo flojito, lo de que no podías...
y no me digas que me quede,
chíllame si acaso que me vaya, muy fuerte.

Merezco de ti un silencio más grande aún, si cabe,
que el vacío que te dejo aquí.
Merezco de ti un odio profundo, un dolor más fuerte
que el portazo que dará la puerta tras de mí,
esa puerta que ya está cerrada.

No merezco perdón, ni clemencia, ni piedad, ni tengo conciencia,
ni estos años que atrás dejo y que me dejas sin saberlo aún
en un rincón de esta loca cabeza.

Quema todo aquello que una vez escribí como verdad,
abule todas las leyes que te sepas y quieras crear,
déjame sin abogado y entre las rejas
de tus ojos de frío acero.

Dime que soy mala, mala hasta morir,
mala hasta matar...
no intentes justificar lo injustificable,
yo no lo haré.

Hoy he descubierto otra parte de mí que no sabía...
secretos que nos deja el vivir esta vida
que ya no está llena de ti, ni de mí.

Hoy he sabido que era el principio del final
igual que un día supe que era el principio del comienzo,
y he llorado como en una tarde de frío invierno...

Y me ha dolido... ¡lo juro!

Y, aunque tú no lo creas, no he vencido,
de hecho ni siquiera me he convencido...
aunque por dentro sin quererlo siento
que esto es el principio... de algún final y de algún comienzo.


PD. Lo escribí hace días... pero seguimos sin TusRelatos! :(

Marina


A la Marina no li agradaven les nines. De fet, encara que de vegades no en tenia prou consciència, no li agradaven moltes coses que després, poc a poc, va anar deixant de fer. Solia tenir-les ben endreçades a l'habitació, en filera a l'estanteria o ben posades sobre el llit. De tant en tant, quan no sabia què fer, n'agafava alguna i jugava una estona però més aviat per fer passar el temps. I el temps passava, amb més o menys lentitud, entre l'escola i l'habitació on es perdia i imaginava, entre nines i ninots, a l'estiu entre la platja i les rialles a l'hort de l'avi. I l'avi la mirava amb aquell posat seriós quan havia fet alguna cosa malament i ella, rient i trapella, el feia somriure un moment i era tot just llavors quan entenia quant l'estimava. Com sempre tothom l'havia estimat, a la seva manera, perquè cadascú estima de la forma que sap i ella això ja ho sabia. I, d'alguna manera, havia après a fer-se estimar d'una manera especial per aquells que sabien copsar-la i que es deixaven gairebé hipnotitzar pels seus ulls foscos de nena. Uns ulls innocents i oberts que deien molt i que havien vist encara més.
La Marina va anar creixent, a poc a poc al seu parer, massa ràpid per tots aquells que es paraven un moment a enraonar amb la seva mare a l'escala o pel carrer i es meravellaven de quant havia crescut. Però ella no volia créixer, no li atreia pas la idea de fer-se gran. Potser perquè intuïa que no sempre podria gaudir d'aquell somriure als llavis. És per això que, en el fons, sempre va continuar sent una nena...

PD: potser algun dia el continuaré...

miércoles, 30 de julio de 2008

Desiertos


Desiertos son los que miro desde mi habitación y me soplan aire caliente por la ventana... viento de atardecer en la ciudad sin ti, amor. Desiertos esos sueños de los que nunca me acuerdo al despertar. Desierta mi mirada sin tu cuerpo, mi boca sin tus labios, mi verso sin un matiz de ti. Desierto es el polvo que muerdes en la tristeza, y en la desilusión, y en el enfado de no ser tú y no ser yo, y en el gris del calendario, y en la soledad. La soledad es desierto como una estación de madrugada. Las madrugadas, desiertas si tienes los ojos cerrados, como el corazón... que a veces también queda desierto. Y siempre duele porque la sangre, desierta de ganas y amor, choca contra las paredes, eco de tu mente desierta, tan llena de pensamientos que no pueden salir. Desiertos son los parques sin niños con heridas en las rodillas. Desierto es el saber que después de ti no hay nada... Desierto el saber que detrás de la vida sólo hay muerte, y querer morir. Desierta está esta luz si no te alumbra en esta sala desierta y me trae un poco de luz a este túnel. Desiertos son los domingos por la tarde sin un buen café. Desierto ese teléfono que no suena. Desierta cada almohada de cada cama sin dos... Y en cada desierto, una nueva travesía que te lleva a algún lugar. Y en cada lugar algo que aprender, o que reír, o que llorar. Y en cada nuevo cielo un mar de estrellas que, a veces, se dejan tocar. Y te estrello un beso en ese desierto que dices tener bajo la piel, ese desierto de miedo y distancia, de mar de lágrimas, de rayo de sol en plena tempestad. Y llueve como la última vez que besé a un desierto y me quise quedar bajo las nubes de su pelo... Y sé que me quedaría, al menos, a ver el invierno pasar... pasar muy lejos de esta primavera que sólo está desierta sin ti, amor.

A menos de un kilómetro


¿Puedes bajarme la luna un ratito? Soy curiosa y quisiera saber qué tal está en este cielo, el que le ha tocado alumbrar cada noche en que la miro. Quiero saber de qué se esconde, por qué mengua, por qué cae al mar, si sabe tu nombre... si acaso se parece a mí y si tiembla, también, cuando le rozan según qué pestañas en esas mejillas con hoyuelos de luchas pasadas. ¿Puedes bajármela? De puntillas sólo llego a tus labios... ¡Qué digo! No quiero más que vivir de puntillas, de tu mano, por tu piel. No quiero más que vivir, siempre lo hago. A mi manera. Y me preguntas por qué se quiebran los cachitos de mí a pedacitos cuando siento tu presencia a menos de un kilómetro... y se me escapa la risa, esa tan tonta, y se me va de la boca toda palabra y toda razón y toda lógica. En realidad, sólo ocurre cuando estás a menos de mil, y mil veces he tenido que recogerme y montarme de nuevo. Soy un puzzle complicado que requiere su tiempo... He sido tantas veces yo que a veces me monto diferente, sólo para sorprenderte. Me gusta tu risa, como tantas otras cosas que un día te explicaré en un susurro al oído. Pero, si te fijas, hay interrogantes que no llegan nunca a explotar y se quedan, para siempre, en el aire. Flotan como el barco de papel que te regalaré para irnos de vacaciones a ese sitio entre tú y yo, en el que nada más existe. Sólo flotan y palidecen y poco a poco se tornan casi transparentes... Miento, también puedes desdibujarlos, desformularlos, despreguntarte las cosas que un día no pensaste bien. Siempre podrás recogerme una a una de tu cielo y comprender que a veces las palabras no dicen todo lo que debieran decir... ni se parecen a lo que yo quiero ser, aunque me contradiga y a veces quiera que lo sean.

lunes, 28 de julio de 2008

Tiquismiquis (o lo que a veces se puede leer entre líneas...)


Lo que te he dicho antes no era un no, era un sí así de grande. Enorme, vasto, gigante, casi universal. Inmenso como tu magnetismo aporreando mi cabeza. Así era.
Y tú, que buscas entre mis virtudes y mis sueños algún defecto, no te has dado cuenta de lo que soy: tiquismiquis, en toda regla. Me enfado si en cada palabra no hay un pleno, si en cada frase no dibujo un pensamiento, si en cada verso no hay un instante de vida y luz. Me enfado porque sé que puedo hacerlo, que quieres hacerlo, que debería ser siempre así para que nada fuera en vano ni equivocado ni mentira. Me indigno ante cualquier matiz despreciable que se hace un mundo entre mis dedos, imagínate si me hablan de amor... Amor es una palabra tan grande que no cabe en un te quiero, que no digo porque sí, que no convierto en rima fácil y sonora. Es entrañable si se usa poco, pierde la magia si la dice según quién y según cómo... debería ser pecado capital. Y en tus labios, sin decirla, se vuelve mariposa que no deja de volar entre mis sueños, brisa que no deja de despeinar el mechón junto a mis ojos, caricia que viene y va de aquí hasta allí... y los pelos de punta. ¿Qué quieres que te diga? Me pierde la exactitud... pero te juro que no podría callarme. Aunque sólo bastaban dos letras, he dicho mil. Mil veces he pensado de camino a casa qué fácil era decir sí. Y a la mil una he entendido que, aunque fácil, no hubiera sido real, no hubiera sido yo... y no hubiera significado tanto si solamente hubiera dicho “sí”.
Porque, aunque no lo creas, nadie piensa en ti como lo hago yo... y no es porque sí.

sábado, 26 de julio de 2008

Llueve


Se cae la lluvia de repente de esa nube gris y nos sorprende como a mí nuestra menguante distancia. Se cae la lluvia, pero el cielo sigue en tus ojos. Y en tus manos... pero más en tu boca, que sigue moviéndose mientras hablas y me hipnotiza. Me mareo de ti en cada curva de tus labios, no sé por qué diablos son tan perfectos. Y aún así te escucho y te observo, callada, riendo, temblando a veces por dentro porque tu presencia me bombardea todavía, como lleva haciéndolo desde hace tantos días. Y no es que sea rosa ni azul, ni domingo por la tarde, ni abril, ni primavera por mis venas, ni brisa de mar Mediterráneo, ni esa palabra prohibida. Es que eres tú y soy yo, pero yo cada vez menos porque contigo me vuelvo pequeñita, hasta casi desaparecer, y me acurrucaría en tus brazos como cuando no quieres salir de la cama. Pero sin almohada, sólo tú. Y mis sábanas de timidez aguda. Y un techo de estrellas fugaces y eternas. Y una luz tenue de luna creciente. Y un suspiro, quizá más. Y el sueño de nunca acabar. Y un cuento que te inventes. Y una poesía sin palabras. Y una palabra prohibida que puede que sea pecado. Y también puede que sea verdad...