dimecres, 30 de juliol de 2008

Desiertos


Desiertos son los que miro desde mi habitación y me soplan aire caliente por la ventana... viento de atardecer en la ciudad sin ti, amor. Desiertos esos sueños de los que nunca me acuerdo al despertar. Desierta mi mirada sin tu cuerpo, mi boca sin tus labios, mi verso sin un matiz de ti. Desierto es el polvo que muerdes en la tristeza, y en la desilusión, y en el enfado de no ser tú y no ser yo, y en el gris del calendario, y en la soledad. La soledad es desierto como una estación de madrugada. Las madrugadas, desiertas si tienes los ojos cerrados, como el corazón... que a veces también queda desierto. Y siempre duele porque la sangre, desierta de ganas y amor, choca contra las paredes, eco de tu mente desierta, tan llena de pensamientos que no pueden salir. Desiertos son los parques sin niños con heridas en las rodillas. Desierto es el saber que después de ti no hay nada... Desierto el saber que detrás de la vida sólo hay muerte, y querer morir. Desierta está esta luz si no te alumbra en esta sala desierta y me trae un poco de luz a este túnel. Desiertos son los domingos por la tarde sin un buen café. Desierto ese teléfono que no suena. Desierta cada almohada de cada cama sin dos... Y en cada desierto, una nueva travesía que te lleva a algún lugar. Y en cada lugar algo que aprender, o que reír, o que llorar. Y en cada nuevo cielo un mar de estrellas que, a veces, se dejan tocar. Y te estrello un beso en ese desierto que dices tener bajo la piel, ese desierto de miedo y distancia, de mar de lágrimas, de rayo de sol en plena tempestad. Y llueve como la última vez que besé a un desierto y me quise quedar bajo las nubes de su pelo... Y sé que me quedaría, al menos, a ver el invierno pasar... pasar muy lejos de esta primavera que sólo está desierta sin ti, amor.

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