Desiertos son los que miro desde mi habitación y me soplan aire caliente por la ventana... viento de atardecer en la ciudad sin ti, amor. Desiertos esos sueños de los que nunca me acuerdo al despertar. Desierta mi mirada sin tu cuerpo, mi boca sin tus labios, mi verso sin un matiz de ti. Desierto es el polvo que muerdes en la tristeza, y en la desilusión, y en el enfado de no ser tú y no ser yo, y en el gris del calendario, y en la soledad. La soledad es desierto como una estación de madrugada. Las madrugadas, desiertas si tienes los ojos cerrados, como el corazón... que a veces también queda desierto. Y siempre duele porque la sangre, desierta de ganas y amor, choca contra las paredes, eco de tu mente desierta, tan llena de pensamientos que no pueden salir. Desiertos son los parques sin niños con heridas en las rodillas. Desierto es el saber que después de ti no hay nada... Desierto el saber que detrás de la vida sólo hay muerte, y querer morir. Desierta está esta luz si no te alumbra en esta sala desierta y me trae un poco de luz a este túnel. Desiertos son los domingos por la tarde sin un buen café. Desierto ese teléfono que no suena. Desierta cada almohada de cada cama sin dos... Y en cada desierto, una nueva travesía que te lleva a algún lugar. Y en cada lugar algo que aprender, o que reír, o que llorar. Y en cada nuevo cielo un mar de estrellas que, a veces, se dejan tocar. Y te estrello un beso en ese desierto que dices tener bajo la piel, ese desierto de miedo y distancia, de mar de lágrimas, de rayo de sol en plena tempestad. Y llueve como la última vez que besé a un desierto y me quise quedar bajo las nubes de su pelo... Y sé que me quedaría, al menos, a ver el invierno pasar... pasar muy lejos de esta primavera que sólo está desierta sin ti, amor.
miércoles, 30 de julio de 2008
Desiertos
Desiertos son los que miro desde mi habitación y me soplan aire caliente por la ventana... viento de atardecer en la ciudad sin ti, amor. Desiertos esos sueños de los que nunca me acuerdo al despertar. Desierta mi mirada sin tu cuerpo, mi boca sin tus labios, mi verso sin un matiz de ti. Desierto es el polvo que muerdes en la tristeza, y en la desilusión, y en el enfado de no ser tú y no ser yo, y en el gris del calendario, y en la soledad. La soledad es desierto como una estación de madrugada. Las madrugadas, desiertas si tienes los ojos cerrados, como el corazón... que a veces también queda desierto. Y siempre duele porque la sangre, desierta de ganas y amor, choca contra las paredes, eco de tu mente desierta, tan llena de pensamientos que no pueden salir. Desiertos son los parques sin niños con heridas en las rodillas. Desierto es el saber que después de ti no hay nada... Desierto el saber que detrás de la vida sólo hay muerte, y querer morir. Desierta está esta luz si no te alumbra en esta sala desierta y me trae un poco de luz a este túnel. Desiertos son los domingos por la tarde sin un buen café. Desierto ese teléfono que no suena. Desierta cada almohada de cada cama sin dos... Y en cada desierto, una nueva travesía que te lleva a algún lugar. Y en cada lugar algo que aprender, o que reír, o que llorar. Y en cada nuevo cielo un mar de estrellas que, a veces, se dejan tocar. Y te estrello un beso en ese desierto que dices tener bajo la piel, ese desierto de miedo y distancia, de mar de lágrimas, de rayo de sol en plena tempestad. Y llueve como la última vez que besé a un desierto y me quise quedar bajo las nubes de su pelo... Y sé que me quedaría, al menos, a ver el invierno pasar... pasar muy lejos de esta primavera que sólo está desierta sin ti, amor.
A menos de un kilómetro
¿Puedes bajarme la luna un ratito? Soy curiosa y quisiera saber qué tal está en este cielo, el que le ha tocado alumbrar cada noche en que la miro. Quiero saber de qué se esconde, por qué mengua, por qué cae al mar, si sabe tu nombre... si acaso se parece a mí y si tiembla, también, cuando le rozan según qué pestañas en esas mejillas con hoyuelos de luchas pasadas. ¿Puedes bajármela? De puntillas sólo llego a tus labios... ¡Qué digo! No quiero más que vivir de puntillas, de tu mano, por tu piel. No quiero más que vivir, siempre lo hago. A mi manera. Y me preguntas por qué se quiebran los cachitos de mí a pedacitos cuando siento tu presencia a menos de un kilómetro... y se me escapa la risa, esa tan tonta, y se me va de la boca toda palabra y toda razón y toda lógica. En realidad, sólo ocurre cuando estás a menos de mil, y mil veces he tenido que recogerme y montarme de nuevo. Soy un puzzle complicado que requiere su tiempo... He sido tantas veces yo que a veces me monto diferente, sólo para sorprenderte. Me gusta tu risa, como tantas otras cosas que un día te explicaré en un susurro al oído. Pero, si te fijas, hay interrogantes que no llegan nunca a explotar y se quedan, para siempre, en el aire. Flotan como el barco de papel que te regalaré para irnos de vacaciones a ese sitio entre tú y yo, en el que nada más existe. Sólo flotan y palidecen y poco a poco se tornan casi transparentes... Miento, también puedes desdibujarlos, desformularlos, despreguntarte las cosas que un día no pensaste bien. Siempre podrás recogerme una a una de tu cielo y comprender que a veces las palabras no dicen todo lo que debieran decir... ni se parecen a lo que yo quiero ser, aunque me contradiga y a veces quiera que lo sean.
lunes, 28 de julio de 2008
Tiquismiquis (o lo que a veces se puede leer entre líneas...)
Lo que te he dicho antes no era un no, era un sí así de grande. Enorme, vasto, gigante, casi universal. Inmenso como tu magnetismo aporreando mi cabeza. Así era.
Y tú, que buscas entre mis virtudes y mis sueños algún defecto, no te has dado cuenta de lo que soy: tiquismiquis, en toda regla. Me enfado si en cada palabra no hay un pleno, si en cada frase no dibujo un pensamiento, si en cada verso no hay un instante de vida y luz. Me enfado porque sé que puedo hacerlo, que quieres hacerlo, que debería ser siempre así para que nada fuera en vano ni equivocado ni mentira. Me indigno ante cualquier matiz despreciable que se hace un mundo entre mis dedos, imagínate si me hablan de amor... Amor es una palabra tan grande que no cabe en un te quiero, que no digo porque sí, que no convierto en rima fácil y sonora. Es entrañable si se usa poco, pierde la magia si la dice según quién y según cómo... debería ser pecado capital. Y en tus labios, sin decirla, se vuelve mariposa que no deja de volar entre mis sueños, brisa que no deja de despeinar el mechón junto a mis ojos, caricia que viene y va de aquí hasta allí... y los pelos de punta. ¿Qué quieres que te diga? Me pierde la exactitud... pero te juro que no podría callarme. Aunque sólo bastaban dos letras, he dicho mil. Mil veces he pensado de camino a casa qué fácil era decir sí. Y a la mil una he entendido que, aunque fácil, no hubiera sido real, no hubiera sido yo... y no hubiera significado tanto si solamente hubiera dicho “sí”.
Porque, aunque no lo creas, nadie piensa en ti como lo hago yo... y no es porque sí.
sábado, 26 de julio de 2008
Llueve
Se cae la lluvia de repente de esa nube gris y nos sorprende como a mí nuestra menguante distancia. Se cae la lluvia, pero el cielo sigue en tus ojos. Y en tus manos... pero más en tu boca, que sigue moviéndose mientras hablas y me hipnotiza. Me mareo de ti en cada curva de tus labios, no sé por qué diablos son tan perfectos. Y aún así te escucho y te observo, callada, riendo, temblando a veces por dentro porque tu presencia me bombardea todavía, como lleva haciéndolo desde hace tantos días. Y no es que sea rosa ni azul, ni domingo por la tarde, ni abril, ni primavera por mis venas, ni brisa de mar Mediterráneo, ni esa palabra prohibida. Es que eres tú y soy yo, pero yo cada vez menos porque contigo me vuelvo pequeñita, hasta casi desaparecer, y me acurrucaría en tus brazos como cuando no quieres salir de la cama. Pero sin almohada, sólo tú. Y mis sábanas de timidez aguda. Y un techo de estrellas fugaces y eternas. Y una luz tenue de luna creciente. Y un suspiro, quizá más. Y el sueño de nunca acabar. Y un cuento que te inventes. Y una poesía sin palabras. Y una palabra prohibida que puede que sea pecado. Y también puede que sea verdad...
jueves, 24 de julio de 2008
domingo, 20 de julio de 2008
La insoportable fragilidad del soy
Me muero más si me miras que si me matas, si me rozas que si te marchas, si me escabullo de ti que si no estás. Y no estás y todo parece sencillo, simple como en un día frío de invierno y lluvia pausada. Todo indica que me encantaría, pese a todo, salir de casa, coger la bicicleta roja de cesta en el manillar y cintas de colores en el timbre y bajar rodando, dejarme llevar, disfrutar del viento de cara que lo hace volar todo: mi pelo, las dudas, los sueños, los miedos, la imaginación... Todo indica que la vida va cuesta abajo, y yo siempre voy con ella. Sin embargo, nada más llegar a mi portal, me asalta una nube que me persigue bajo el paraguas y me hace desenfocar el mundo, perder los horizontes, nublar los sentidos y temblar. Tiemblo porque soy un hilo... y es que soy lo que ves más allá de mi muro pero mi muro a veces no me deja llegar más allá. Es un muro irreal, surreal y realmente fastidioso, es un muro abstracto de pensamientos absurdos y delirantes, es un muro que quiero bombardear. ¿Quizá bombear sangre a mis venas a contratiempo? Quizá deshacerme de este día ligeramente gris que dura ya demasiado, dejar atrás todo camino llano, lanzarme hacia... simplemente hacia abajo, ni siquiera hace falta que pedalee, basta sólo con vivir de la manera más básica: sintiendo lo que siento. Porque a veces lo que siento no es lo que pienso ni lo que digo ni lo que miento ni lo que hago ni lo que te dejo. Y me quedo tanto y tan bonito que siento que te robo a pedacitos lo que te querría regalar. Y si sólo lo siento yo es como si no existiera, como si detrás no hubiera nada. Nada. Pero detrás de este muro hay tantas cosas que se parecen a ti... Cuando las acaricio son suspiros, y me inundan, y me ahogan, y me tocan, y... sé que nada es tan frágil.
PD. No quisiera perderme tu tren y saber lo que es malgastarte...
martes, 15 de julio de 2008
De cafés, muros y mariposas...
Frente a un café he pasado los momentos más intensos de mi vida. Siempre, frente a un café, el tiempo pasa más despacio y los instantes se dilatan como una goma, se derriten como un helado, se empapan de sentimientos como yo de tu mirada tímida y fugaz. Frente a un café, las palabras son más que palabras y nunca llegan a ser todo lo que queríamos, y todo lo que queríamos se vuelve transparente y se puede casi tocar y rozar con un suspiro, y los suspiros dicen todo lo que no sabemos o no queremos callar. Y te callas y se hace un leve silencio que llueve en todas direcciones y me moja los labios y entonces, sólo entonces, sé que el mundo a veces se hace tan pequeño que cabe entre tú y yo y se puede saborear (creo que sabe a chocolate...). Y entonces no puedo más que sonreír y casi sonrojarme. No puedo pensar, no puedo soñar, no puedo ni mirarte. Vuelvo a marear mi café para ver si me deshipnotizo de ti, y de mí, y de ese instante concentrado y cien por cien natural que corre por mis venas. Vuelvo a inspirar porque me faltaba el aire. Vuelvo a ser yo, porque me había quedado en algún sitio muy muy lejano en el que hay cosas que pueden acariciar más allá de mi piel... porque a veces mi piel es un muro de Berlín y a veces es un ala de mariposa.
Pd. Necesito Tusrelatos... xD
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