dimarts, 4 de gener de 2011

Feliz 2011

Siempre he añorado el rollo americano (creo) que se traen las películas de media tarde que ocurren en pequeñas ciudades más bien del interior. Esas en que siempre puedes llamar por teléfono tirada en la cama, enrollando y desenrollando una y otra vez el cable en forma de espiral. Esas en las que puedes llorar y soñar en la almohada. Esas en las que de repente te quitas la angustia saltando por la ventana y yendo al mismo lugar de siempre donde siempre, y por raro que parezca, hay alguien esperándote. Donde siempre te encuentras a tu mejor amig@ y nunca te pregunta qué te ha pasado.
En Barcelona esas cosas no existen, aunque exista el Illy, la uni o los DM de twitter.

Se me entierran cosas buenas y cosas malas bajo la capa de recuerdos. Tremendo. Me he dado cuenta que cada vez suelo remorverla menos. No sé si es bueno o es malo, pero para algo existe el presente. Y el futuro, como decía el señor Allen. Pero no tengo nada destacable. Así, a bote pronto, no he hecho mueca alguna. Debió ser un año cualquiera, lleno de maravillosos momentos. No me podré quejar, pues.
Se me ocurre “un cuarto de siglo” y eso ya me echa para atrás. Siempre he sido un poco reticente a dejar mi niñez, aunque nunca la haya tenido del todo. Pero ¿y qué? También se echa de menos lo que no se ha tenido … y a veces (de) más.

Hoy estoy melancólica, sí, pero dejar tantas cosas atrás lleva su tiempo. Y yo, en doce segundos, me metí de lleno en un nuevo mundo. Eso dicen. Yo creo que el mundo cambia sin ningún sonido, sin ningún tiempo, sin avisarnos primero. Yo creo que el mundo está ahí, y hace tiempo que no me atrevo a tocarlo. No sé de qué tengo miedo …


Deseo un Feliz 2011 :)

1 comentari:

MrBlonde ha dit...

A mí lo que me pasa cuando me parece que estoy abriendo una nueva etapa, cuando creo que algo va a cambiar en mi vida, es que luego no siento que pase nada especial. A lo mejor tengo metida en la cabeza la idea de que los cambios te tendrían que emocionar, que se te pondría el vello de punta, que verías las saetas del reloj de la vida empezar a girar rápido y sentirías el viento de los tiempos soplando hacia atrás tu pelo.

Pero eso no pasa. Lo que sí pasa es que de repente estoy una mañana dándole vueltas al café, a ese café de la mañana preparado a mi gusto, y recuerdo que hace apenas unos años no lo tomaba. E intento pensar que no he cambiado, porque yo siento que soy la misma persona. Intento convencerme de que el chaval que disolvía el colacao es el mismo que el que remueve la cucharilla en la taza de café. Cuando lo cierto es que he cambiado, tan profundamente que no he sido consciente de ello.

Vemos, oímos, olemos, tocamos y saboreamos, pero nos falta un sentido que mire hacia dentro, que pueda percibir los cambios en nuestro interior y nos haga plenamente conscientes de nosotros mismos, de lo que nos sucede en lo más profundo. Llevamos siglos alardeando de ser el único ser vivo conocido que es consciente de sí mismo y de su propia existencia, cuando lo único que sabemos es que existimos, pero ignoramos completamente cómo existimos. No siempre sabemos qué pasa en nuestro interior, por qué hacemos algunas cosas, y no percibimos los cambios en nuestra mentalidad ni en nuestra percepción del mundo, del mismo modo que un grifo no se puede mojar a sí mismo ni una pistola puede dispararse a sí misma.

Y como no percibimos nuestros propios cambios ocurre que en ocasiones acabamos haciendo, pensando, diciendo cosas que traicionarían las ideas de nuestro yo anterior. Y nos sabe mal, pero lo cierto es que nuestro yo pasado ya no somos nosotros, el único yo que existe es el del presente. Que es el mismo que remueve el café. El mismo que te desea feliz 2011, convencido de que los cambios que habrá en tu vida este año serán en la buena dirección. Y sobre todo, el mismo que disfruta leyéndote.