dissabte, 10 d’octubre de 2009

¡Que me muero por tenerte aquí conmigo!





Fría como una estatua de sal en un mausoleo de cristal,
seca hasta los huesos por llorar
y muerta como puede estar Tiberio en su guacal.

Toda en ruinas como el Partenón,
sola como terminó Colón,
pálida como una mona lisa,
amargada como un limón,
arrugada como acordeón.

Como la esfinge cuando perdió su nariz,
como Alejandro Magno sin su espada y sin su dardo,
como un pobre cristiano en pleno imperio romano.

Busco algo que pueda contestar
porque estoy cansada de pensar
como es que transcurren los segundos
y yo sobrevivo a este diluvio universal.

Sin más esfuerzo la explicación aparece en un viejo cajón
y en menos de una sola fracción vuelve a vivir
y se viste de verde el corazón.

Como la esfinge cuando perdió su nariz,
como Alejandro Magno sin su espada y sin su dardo,
como un pobre cristiano en pleno imperio romano.

¡vuelve!

Que mi vida se desliza por un caño,
que mis pies de estar parados tienen callos,
ya no sé cómo decirte que te extraño
y ya en estas he pasado más de un año.

¡vuelve!

Que mi barca se esta hundiendo en el lodo,
que de angustia me he mordido hasta los codos,
que mi mundo esta vacío y aburrido,
¡que me muero por tenerte aquí conmigo!

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